Buenas noches, retransmitiendo desde mi humilde cubículo para todo el mundo terrícola, universal y demás galaxias.
¿Cuál podría ser el mejor tema para reflexionar una noche como esta, en la que el sueño me vence y la cama me mira con ojitos golosos?
Mi intención era despotricar un ratito sobre la nueva Leireley (sí suena folclórica, como nuestro país y olé, que no falte el vino) más comúnmente conocida como Ley de Igualdad de Trato.
Pero mientras conversaba cenando con el autor de mis días, la inspiración me ha iluminado y no me siento capaz de ignorarla. Por lo tanto camaradas, Bestias de Inglaterra, consumidores de soma, conectados a Matrix, hoy voy a hablaros de cómo una persona se vende por obtener un miniportatil, ibook, oyoquesé tecnológico.
Vereis, el País regala estos días con la suma de cupones algún aparatejo de estos modernuquis, con el fin de conseguir vender más ejemplares, práctica que llevan a cabo todos los medios para conseguir financiación (ampliiiiiiiiiisimo tema próximamente cuestionable), y resulta que mi padre, don yonoleoeseperiódico ha decido reunir tales cupones para satisfacer un "interés puntual" que no es otro que adquirir el nuevo juguetito.
¿Dónde queda la palabra, la integridad? Es decir, no te lees el periódico pero sí lo compras, por lo tanto fomentas que un medio que no consideras (por los motivos que sea) el más indicado para informarte, siga siendo uno de los líderes informativos de España.
¿Pero de qué cojones vamos?
Las acciones hablan por sí solas, nos definen.
Utilizo este pequeño acontecimiento de mi vida cotidiana para extrapolar el hecho e intentar reflexionar acerca de la diferencia abismal que cada uno se marca entre lo que hace, lo que piensa y lo que dice.
Qué desgaste mental tiene que suponer no estar en consonancia con estas tres virtudes.
Personalmente aspiro a lograr ese equilibrio.
Buenas noches, descansen agusto.
